2 junio, 2020

Futuro de la Neurorrehabilitación a partir de la pandemia por el SARS-CoV-2

En diciembre del 2019 en la provincia de Wuhan en China aparecía un nuevo tipo de coronavirus, el SARS-CoV-2 (COVID-19, de sus siglas en inglés coronavirus disease 2019). El brote epidémico en dicho país rápidamente, en cuestión de meses, se tradujo en la actual pandemia que hoy nos ha cambiado la vida a todos.

El SARS-CoV-2,  como otros virus respiratorios, suele tener una afectación inicialmente en este sistema, y tiene una  alta morbilidad y mortalidad conocida hoy en día, entre otras razones, por desencadenar una respuesta inflamatoria exagerada en muchos otros, por ser un agente nuevo para nuestros sistemas inmunológicos.

Hoy en día aún conocemos poco de la enfermedad, pero la gran actividad investigadora y de publicación científica, sin precedentes, nos ha permitido conocer varios aspectos de él en los últimos 3 meses, y si bien aún es pronto para conocer sus consecuencias a largo plazo en nuestro organismo, se sabe que afecta a muchos otros sistemas. Uno de los primeros estudiados ha sido el cardiovascular, pero el sistema neurológico no es uno de los menos afectados.

En la actualidad existen reportes de una prevalencia, no despreciable, de afectaciones en el sistema nervioso central (ictus, encefalopatías, encefalitis, etc.), periférico (polineuropatía del enfermo crítico, sd. Guillian Barré, neuropatías craneales, etc.) y muscular asociado (miopatía del enfermo crítico).

Al igual que otros virus,  se van conociendo diversas hipótesis de su posible puerta de ingreso al sistema nervioso central. Este podría ser de manera transináptica por nervio vago que inerva las vías respiratorias bajas, a través del epitelio mucoso nasal y nervios olfatorios y/o vía hematógena.

Además, la infección del virus suele afectar con mayor fuerza a población vulnerable y pluripatológica. Hoy sabemos que los factores de riesgo cardiovascular típico de nuestros pacientes con daño cerebral sobrevenido, son igualmente de riesgo para complicaciones de esta infección y por ende propensión de ingreso a unidades de cuidados intensivos (UCI), con alta mortalidad. Estancias prolongadas en estas unidades, conllevan nuevas comorbilidades que afectan de manera importante al grado funcional y cognitivo del paciente. Ello sin referir los aspectos anímico-conductuales asociados al estrés sufrido.

Un porcentaje de dichos pacientes atendidos en UCI, o en estancias prolongadas en plantas de hospitalización, presentan secuelas que merecen una rehabilitación especializada. Un grupo importante de ellos requieren, además, un traslado inicial a un centro de neurorrehabilitación en régimen hospitalario para recuperarse de moderadas a graves secuelas con terapia específica en las áreas de fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología.

Por último, si bien se piensa que por el efecto temor de la población (entre otras razones), los cuadros de ictus y otros daños cerebrales sobrevenidos han disminuido en la atención en urgencias y hospitales de agudos; la prevalencia de estas patologías no ha cambiado en el tiempo, y tan pronto la situación epidemiológica se recupere, es de esperar una nueva ola de dichas patologías, así como requerimiento de su atención neurorrehabilitadora.

Es por ello que las unidades especializadas en su atención tendrán que adecuar sus instalaciones y recursos para el mejor manejo tanto de los pacientes con secuelas en el tiempo post infección por SARS-CoV-2 como a su población típica, y aprovechar nuevas herramientas, en las cuales no nos esperábamos especializar en tan poco tiempo, como el uso de la telemedicina para atención de consultas y seguimiento (teleconsultas), rehabilitación en régimen ambulatorio posterior de los pacientes y el uso de programas específicos para la rehabilitación a distancia.

Además de permitir una adecuada comunicación de familiares con los pacientes ingresados en régimen hospitalario para mantener las medidas de seguridad y evitar visitas innecesarias, pero permitiendo un acompañamiento emocional del paciente y la adecuada preparación del hogar y acompañantes en casa para una futura alta, por medio de teleconferencias.

En conclusión, al igual que en otras áreas de atención a la sociedad, en el caso sanitario, el SARS-CoV-2 nos ha demostrado la capacidad de resiliencia de los profesionales en el área de la neurorrehabilitación y, por otro lado, conociendo la particular afectación que tiene en el sistema nervioso con posibles consecuencias a mediano y largo plazo, define a nuestra rama de atención como fundamental para la recuperación de la población afectada.

Alan Juárez Belaúnde

Neurólogo

Unidad Avanzada de Neurorrehabilitación

Hospital Los Madroños